Andrea Infante

Pulsiones

La pulsión es el estado de origen de toda actividad que responde al deseo de un individuo. Es un impulso consciente de carácter psico-somático que tiene como fuente primera o como desencadenamiento, la tensión; el fin de la pulsión es ser liberada (literal y metafóricamente) del cuerpo. La forma más bella, honesta y poética de drenarla es por medio del dibujo.  

Louise Bourgeois desde noviembre de 1994 hasta junio de 1995, realiza una serie de dibujos en estado de insomnio liberando la pulsión que le genera el no poder dormir. De alguna forma se exorcizan los pensamientos al materializarlos en el papel.  

El dibujo es de las formas más innatas, inmediatas y fieles que se tiene para traducir el pensamiento. Decía Emma Dexter que, la idea o ejecución del dibujo ha permanecido intacta por miles de años –como tal es una actividad que nos conecta directamente en línea continua con el primer humano que alguna vez esbozó en la tierra o rayó en la pared de una cueva. El dibujo es el resultado de un impulso, para interiorizar un estado de conciencia primordialmente humano.  

Pulsiones, surge de dicha pulsión por interpretar un pensamiento o una emoción, es una conversación que se registra en el papel con un formato casi postal. En el que, como las postales o las cartas, hay un emisor y un receptor. En este caso, la mente hace de los dos a la vez y estos papeles serían el registro de esa representación gráfica del pensamiento. Diagramas de una conversación íntima; distintos mensajes en un lenguaje abstracto; un inventario gráfico de manchas, líneas, puntos, aguadas, rayas, cuadros, espirales, esferas, circuitos, conexiones, nodos, nudos, vueltas, cruces, códigos, gestos rápidos que dan cuenta de una colección de dibujo en tinta que componen esta muestra de imágenes abstractas, hechas en jornadas largas de tensión, ocio e incertidumbre.

Tomo la plumilla, la cargo de tinta, la suspendo sobre el papel y el dialogo empieza.

Un dialogo insistente que ocurre en el límite fronterizo entre lo psíquico y lo somático; entre lo anímico y lo corporal. Una sensación de estar a la deriva donde la mente deambula, transita y recorre el papel sin dirección. Como protagonistas, los monocromos se extienden y cubren las páginas y el color devela sus formas, texturas, patrones y tramas infinitas. El azul se estira, bosteza, medita, se compacta y se fragmenta. El rojo se filtra, salpica, gotea, se riega y se condensa.

–Andrea Infante

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