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Salón intercultural internacional Manuel Quintín Lame: Ensurear

Hace siete años se consolidó la primera versión del Salón de Arte Indígena Manuel Quintín Lame. Desde ese tiempo, nos tomamos en serio la memoria propia y comenzamos a recorrer nuestro espiral en dos direcciones. Primero, hacia el territorio de cada uno, hacia el ombligo de cada hacedor del arte y en la otra dirección, hacia el territorio de los hermanos que acompañan y se han ido sumando al salón, hacia el ombligo del otro. Comenzamos entonces el proceso de caminar cada memoria, individual y colectivamente. La minga ha sido la práctica común, el modo de organizarnos, una de las herencias conceptuales propias que termina por sumar nuestras voluntades, permitiendo así la posibilidad de conectar las experiencias y los procesos que transitan hacia hacer experiencias sensibles propias.

En ese camino, por supuesto, hemos cometido errores y aciertos, pero en el cosechar también podemos poner en evidencia que se han ido empoderando las sensibilidades y pensamientos de origen. Asumir como proyectos de vida los conflictos personales y territoriales, buscando siempre aportar, en alguna medida, a las autonomías de los territorios que nos dieron la vida. Entendimos que somos nosotros los que cotidianamente habitamos los lugares víctimas de inferiorización, marginalidad, racialización y exclusión política y económica, en fin, de todas las infinitas heridas coloniales que desde la cultura hegemónica se imponen y abajo generan muchas formas de dependencia y complejo de inferioridad. 

Entonces, sólo eso hemos hecho, crear partiendo de las sensibilidades prácticas coloniales para equilibrarlas y aliviarlas con las subalternizadas, que no son sino los modos de sentir de nuestros mundos. 

Hacer sentir la necesidad de la sanación en nuestros pueblos y que subyace en los procesos estéticos individuales y colectivos que se encuentran en el ahora Salón intercultural internacional de arte indígena Manuel Quintín Lame.

Ante nuestros ojos, el territorio se convierte en punto de partida y de regreso. Por esta razón se hace fundamental entretejernos con las espiritualidades locales que son el vestigio y fuente de los conocimientos originarios y por eso, la ruta personal de la sanación individual, comunitaria y el aporte local práctico al horizonte ambiental que demanda nuestro planeta hoy. Así concebimos nuestra interculturalidad, la decolonialidad y el “arte”: prácticas propias autónomas ambientales que han recorrido la espiral que mencionamos atrás desde el gran Kauka hasta los territorios indígenas de otros países.

Para nosotros, el arte ha sido entonces una frontera estratégica critica entre lo hegemónico y lo nuestro, el campo donde las sensibilidades hacen tensión y resistencia; es donde convergen no sólo 48 artistas sino sus comunidades y procesos versus el embate colonial, proponiendo el ensurear, es decir, integrar a la cotidianidad las practicas locales de los pueblos indígenas de los andes y del planeta, cotidianizar la vida y los haceres que cada territorio ha enseñado a los humanos de cada allí, caminar hacia el equilibrio global desde cada autonomía estética local.